lunes, 28 de septiembre de 2015

El familiar origen de lo humano.



¿Cómo surgió el ser humano? ¿De qué manera? ¿Qué fue lo primero que vio? ¿Y lo que dijo? ¿Cuál fue la primera palabra del primer ser humano que pisó la tierra? Puede que la primera palabra fuera “Existo”, tal vez fuera algún objeto, tal vez no fue ninguna palabra y se redujo a un sentimiento como el asombro. Pero más tarde, alguien pensó que la primera palabra del ser humano fue un nombre, un nombre propio. En ese nombre se reconoce al otro, y en el acto de reconocer al otro, estás amándole. Quizá ese es el verdadero origen: el amor. Dicen que el universo es un lugar de búsqueda constante movido por el amor, “una historia en el que el amado busca a su amada”. 

El amor, la confianza, la entrega. De todo lo que se ha podido tratar y hablar en este magnífico texto, a mí me gustaría resaltar la confianza y la entrega. El hombre se caracteriza como humano gracias a la capacidad de amar. Pero, ¿qué es exactamente amar? Amar es entregarse, por completo, al otro. Entregarse con confianza. Pero no basta con entregarte tú, entendiendo por entregarte el hecho de arriesgar algo que te pertenece, algo que es únicamente tuyo. Amar también es acoger al otro, con lo que tiene. La confianza es muy importante, es el único modo de acercarte, verdaderamente, al otro. 

Si te acercas desconfiando, no podrás conocer al otro y tampoco estás permitiendo que el otro te conozca a ti. Al desconfiar construyes una barrera imaginaria, estás en alerta todo el tiempo. Cuando confías, todo es más fácil. Y, ¿cómo puedes acercarte cuando ya confías en el otro y en ti mismo? Desinteresándote.

Dejando de mirar tu propio ombligo. Últimamente, las relaciones que vamos forjando van impulsadas por el interés propio. Muy pocas veces nos importa la necesidad del otro, lo que necesita o lo que quiere. Y eso, no es amor. El amor es querer cuidar al otro, necesitar cuidarle y saber que está bien.
Surge el pensar: “Pero el amor trae sufrimiento, yo no quiero sufrir, no quiero pasar por eso. Mejor no amo". 

Querido/a, la Madre Teresa de Calculta decía: “Ama hasta que te duela. Si te duele, es buena señal”. ¿No va a tener razón? Amar hace vulnerable al dolor, y aquí se manifiesta una paradoja: la fuente del mayor dolor es la de la mayor alegría.

Las personas que se aman saben uno del otro de una manera muy diferente. Se aman libremente, es un modo de entrega total, esa entrega a la que hacíamos referencia antes. No es una necesidad, sino una elección completamente libre. Yo elijo amar al otro, elijo conocerle, elijo entregarme, elijo abrirme a él. Este amor, que fue compartido, dio lugar a la familia. 

Creo necesario recordar esto. Recordar qué es amar, recordar qué es una elección y no una obligación o necesidad. Me parece alentador pensar que lo primero que dijo el hombre fue un nombre propio. Porque dándole nombre a una persona o a una cosa, la estás reconociendo, y al reconocerla, al darle valor, ya es un acto de amor. 

¿Qué mejor origen que éste?

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